martes, 16 de febrero de 2016

RECUERDOS Y EMOCIONES







    ¿Alguien puede recordar cuándo fue la última vez que sintió el aleteo de la anticipación revoloteando por 
     su estómago? ¿Cómo fue sentir esa primera caricia? ¿Ese primer beso? ¿Esa vertiginosa sensación de que 
     puedes comerte al mundo, y no al revés?
I       Imagino que si tienes quince años lo recordarás perfectamente, ¿pero y si resulta que la vida, en su 
   estado inmisericorde; ha decidido que cumplas los cuarenta o incluso los cincuenta, o más?
        Ah, amigo o amiga, eso ya es otra cosa.
        Es más que evidente que han transcurrido demasiados días y demasiadas noches.
        Intentas hacer memoria y recuperar alguna de esas sensaciones, pero no  consigues ninguna de las dos cosas.
        ¡Vaya!, o te lo has pasado mejor de lo que pensabas o las neuronas empiezan a hacer de las suyas.
        Entonces te sientas en la cama, te estrujas el cerebro y piensas: “Lo que necesito es un novio”. No, borra
   eso. “Lo que necesito es una buena motivación” “Y un café, que no se me olvide el café”.
         Y con esas cuantas palabras mágicas tus párpados se abren de par en par y saltas de la cama como si
   estuviera llena de chinches.
         Una vez te has preparado el café, la infusión, la leche con cacao o lo que suelas tomar, le añades un par
   de tostadas con mantequilla y mermelada ─no le tememos al colesterol, somos, ante todo, aventureros─ y
   te haces con papel y lápiz. Un sorbo, un bocado, un fruncimiento de ceño y tu mente continúa tan en blanco
   como hace un rato. No te desanimas, por supuesto que no, porque tenemos la opción de empezar a
   mordisquear el lápiz. Lo hacemos, ¡qué narices!, ya sabemos que somos invencibles y que nada nos detiene en
   la búsqueda de un nuevo reto, de una nueva emoción.
         Creo que es mi deber explicarte, que esta actitud tan audaz solo es aplicable en el caso de que te decidas
   por escribir. Si pretendes, por ejemplo, pintar un cuadro, ni se ocurra meterte la brocha en la boca, que igual
   te ahogas o te intoxicas y no me gustaría ser la responsable de que acabaras en la camilla de un hospital, con
   una intoxicación de padre y muy señor nuestro y con un médico, que de buenorro no tiene nada, mirándote
   con aire de superioridad y pensando que tienes de inteligente lo que él de zafio.
        No, no te alarmes. Es sencillo. No es cuestión de matarse en el intento, solo de buscar, encontrar y llevar a
   buen puerto esa búsqueda de las emociones olvidadas.
        Si descubres que lo que quieres es ser el hijo de Satán, pues adelante, ¿quién te lo impide? Está bien,
   borra también esto, puede que los verdaderos hijos de Satán no se sientan muy cómodos teniendo que
   compartir el Inframundo contigo y decidan asesinarte. Lo siento, pero no vamos a tener en cuanta esa opción.
        Ahora pues, si lo que deseas es ser irresistible, ligar y volver a sentir como cuando todavía no te había crecido
   pelo en las axilas, podemos intentarlo. Si tu nueva meta es escribir un libro, puedo aconsejarte. Si
   prefieres desenvolverte con gracia y soltura sobre una pasarela de moda, búscate a otra, lo mío no son la
   gracia y la desenvoltura. Si por el contrario te gustaría dar dos pasos seguidos en una pista de baile mientras
   unos cuantos pares de brazos se extienden impidiendo que caigas al suelo como si fueras una vaquera
   borracha, soy tu chica. Y no, no tiene nada que ver con el alcohol consumido, de hecho, soy abstemia. Es
   más bien cuestión de coordinación. De mala coordinación, quiero decir.
        En fin, no me mires con esa cara, nadie es perfecto.
        Y además, todavía tienes tu taza de café sin tocar.
        De cualquier manera, son casi las nueve de la mañana y tenemos muchas cosas que hacer. Piénsate bien en
   qué invertir tu tiempo de emociones perdidas y lo estudiaremos con calma. Mientras tanto, seguiremos con
   los consejos de cómo escribir un libro.
        ¿Cómo dices? Ah, si tú lo dices…
        Está bien, me has convencido, dejaremos lo del libro para más adelante y nos dedicaremos al bello arte
   de “cómo acercarte a alguien que te guste y poder darle un beso, un achuchón, y, si me apuras mucho, hasta
   un buen revolcón en la primera cita sin que te denuncie después por acoso”.
        Qué le vamos a hacer, experiencias que tiene una.
        De cualquier manera, yo creo que lo mejor será que empecemos por rememorar recuerdos casi enterrados
   por una capa de “qué le vamos a hacer, la vida pasa” y dejar que afloren a la superficie de nuestra
   memoria. Veréis que son únicos e inmejorables y que con ellos se recupera algo de nuestro antiguo yo. Algo
   de la magia que creemos haber perdido. Regresa la sonrisa, atisbamos a ver un trocito del inocentón
   o la inocentona que llevábamos dentro, el mundo vuelve a estar a tus pies ─y no porque te encuentres en
    ninguna pista de baile─ y, lo más importante, igual escribes un libro y todo.
         Así fue como yo lo hice y así os lo recomiendo.
        Y obtuve cosas tan gratificantes como publicar UN PUÑADO DE AMIGOS Y DOS CEREZAS en
   Amazon ─una larga historia, os lo aseguro─, que rápidamente firmó contrato con la prestigiosa editorial
   Penguin Random House; arrancar un montón de carcajadas; amigos por toda la red; reseñas tan
   maravillosas como las de Analiz, de La biblioteca de Analiz y la de Isabel María Sierra García, de La Caja de los
   Libros, y mucha, mucha satisfacción.
         Ya os las mostraré ─las reseñas, quiero decir─ otro día, que por hoy ya está bien.
         Y sí, no te pongas así, hablaremos también de cómo ligarse a un chico o chica en tres minutos.
         Besos y hasta otro día.




¿

9 comentarios:

  1. Sigues siendo mi "idola". Jajaja
    Buena iniciativa si señora.
    Tq

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  2. Yo también te quiero, Lu. Muchos besos.

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  3. felicidades guapa!!! suerte con el blog :*

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    1. Gracias, Sol, preciosa. No me juzgues todavía, que estoy aprendiendo. Muchos, muchos besos. Tq

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    1. Gracias, ya iré cargando de todo un poco. Espero que te guste. Muchos besossss.

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  5. Que te puedo decir que no te haya dicho ya, sabes que me fascinas y soy tu fan.

    Besos y gracias por hacer el final de la jornada tan divertido.

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    1. Gracias, Thelma, yo también te admiro. Un beso enorme. Espero hacerlo bien y podáis pasar buenos ratos.

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  6. ¡Eres increíble! jajajaja. No me quiero perder ningún consejo, porque sé que cada uno de ellos va a suponer un gran descubrimiento.
    Te deseo lo mejor, aunque no te va a hacer falta.
    Un gran, gran beso.

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